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Quizá, una de las clasificaciones de Ciencia mas comúnmente aceptada es aquella que divide las ciencias en formales (lógica y matemáticas) y empíricas (entre las que se encuentran la biología, la química, etc.). Mientras las primeras emplean métodos de investigación deductivos, las segundas se basan en métodos de investigación empíricos (inductivo e hipotético-deductivo).

No es esta, sin embargo la única clasificación de Ciencia. Bunge divide a las ciencias en puras y aplicadas, englobando dentro de éstas últimas a las tecnologías. Así, por ejemplo, Bunge considera la ingeniería eléctrica como una tecnología física, o la medicina como una tecnología biológica. No tenemos muy claro donde podría encuadrarse la IS, así como otras ingenierías, dentro de esta clasificación, no sólo porque no es aplicación directa de una única ciencia pura, sino porque consideramos que la IS, así como el resto de las ingenierías, no son mera aplicación de otras ciencias. Esta idea es defendida por Aracil quien hace una dura crítica a las corrientes que no consideran las ingenierías dentro del campo del saber de las ciencias, sino como meras ciencias aplicadas. Sin embargo, Aracil sí establece distinción entre ciencia e ingeniería. Según este autor, la diferencia fundamental entre ambas es que mientras la primera se ocupa del estudio del cómo son las cosas, la segunda se ocupa del cómo deberían ser a fin de llegar a construir nuevos objetos y afirma que “las ciencias se ocupan de lo natural, mientras que el dominio específico de la ingeniería es lo artificial”. El estudio del deber-ser acerca las ingenierías a la ética, pues ambos saberes tienen que ver con la acción humana, y a su “metodología”, que es básicamente la de la prudencia, que toma en cuenta factores de tiempo y circunstancia, como la urgencia o la rentabilidad, que las ciencias tradicionales no consideran. En los últimos años, dentro de la filosofía de la ciencia se ha insistido mucho, y con razón, en que la ciencia es también acción, no sólo conocimiento; de modo correlativo deberíamos insistir en que la ingeniería también es conocimiento, y no sólo aplicación. La diferencia entre ciencia y tecnología está en los modos de acción y conocimiento que desarrollan, no en que una conozca y otra aplique.

Además de los filósofos de la ciencia, también hay autores relevantes en IS que reclaman la necesidad de definir una “ciencia de la ingeniería”. Así, por ejemplo, Blue distingue entre ciencia y tecnología; detalla la relación existente entre ciencia y tecnología, comparando la labor del ingeniero con la del científico, así como el conocimiento en cada una de éstas áreas. Blum afirma: “rechazo la estrecha definición de ingeniería del software procedente de las ciencias de la computación; en efecto, yo propongo diseñar una nueva ciencia de la computación para la ingeniería del software...” y continúa definiendo la ciencia de la tecnología de la computación como “el estudio de la transformación de ideas en operaciones”. En la línea de Blum, nosotros proponemos dos “ciencias de la computación” para la disciplina de la Ingeniería del Software que llamaremos: Ciencias de la Ingeniería del Software y Ciencias del Software. Mientras que las primeras, tal y como veremos en los apartados siguientes, se ocupan de estudiar cómo crear software, las segundas se centrar en estudiar, tanto el software, como las técnicas, modelos, métodos, etc. que permiten crearlo. Existiría una tercera ciencia que podría considerarse solapada entre las disciplinas de la IS y de los Sistemas de Información (SI) y que podríamos denominar Ciencias de los Sistemas de Información. Esta ciencia se ocuparía de cómo implantar y usar, tanto el software, como las técnicas, modelos, etc. que permiten crearlo.


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